Esta
noche en el Gran Debate de Telecinco se hablo de “¿olvidar la dictadura o
investigarla? La gente lo que está pidiendo es enterrar a sus muertos, poder
dar sepultura a los que están aún en las cunetas. Malos son todos los muertos en los enfrentamientos producidos por una guerra civil,
pero los de uno de los bandos no solo fueron enterrados, si no que fueron
homenajeados como héroes, esculpidos sus nombres en lapidas funerarias en las
iglesias bajo el titulo “Caídos por España”. Cualquier guerra es cruel, pero
mucho más lo es el asesinato indiscriminado de la población civil, pues no
olvidemos que de lo que estamos hablando no es de los muertos en combate,
estamos hablando de los ejecutados tras la victoria y en el transcurso de los
años de la Dictadura Fascista de Francisco Franco. Fosas con restos de hombres,
mujeres y niños, unos por ser socialistas, o comunistas, o anarquistas, o
ateos, u homosexuales, o cualquier cosa que hiciese al hombre, a la mujer
diferente de las normas fundamentales del régimen, y los otros por ser
familiares, o por darles cobijo. Esa España en Blanco y Negro con música de
NO-DO que decidimos dar por pasada su triste página, y los que dieron la vuelta
a la página no fueron los golpistas, los genocidas, los asesinos, los
violadores, los represores, los torturadores, los que decidieron perdonar y dar
paso a la Transición Democratica fueron las violadas, los torturados, los represaliados,
los familiares de los asesinados. La Democracia no la hizo posible un Rey, ni
los líderes políticos, la Democracia escrita con letras mayúsculas la hicieron
posible los que decidieron olvidar los cincuenta años de persecución y abusos.
Y ahora solo piden que les devuelvan a sus muertos, para honrar su memoria,
para llevar flores a su sepultura, para poder descansar en paz, pero piensan
los herederos de los vencedores, que quizás eso sea mucho, que eso es revolver
la memoria, y eso no es bueno para la convivencia. Y yo digo, ¿enterrar a los
tuyos es pedir demasiado?, quizás los padres de la constitución debieron pensar
en esto, debieron pensar que nada se puede construir si en sus cimientos no está
lo más elemental que es la humanidad, la verdad, la solidaridad, el reparo de lo terrible.
Ha
sido mucha la generosidad de los vencidos, mucha la generosidad de la mayoría social,
mucha la generosidad de los torturados, de los represaliados, de las violadas,
de los hijos de los asesinados. Ha sido mucha la generosidad que ha permitido
que muchos militares, jueces, políticos, religiosos no fuesen juzgados por crímenes
contra lesa humanidad como fueron juzgados los participes del resto de países fascistas,
o lo están haciendo con las dictaduras latinoamericanas. A mis abuelos, uno
anarquista y el otro de la UGT, después de haber estado en la cárcel, de haber
sufrido la represión franquista, jamás les oí decir que era demasiada la
generosidad que se les pedía de olvidar y seguir caminando. Pero quizás haya
llegado el momento de pedir que historiadores internacionales e independientes y juristas
internacionales revisen la historia de España desde los últimos años del
reinado de Alfonso XIII hasta el referéndum que nos doto la Constitución democrática,
y determinen que paso, como paso y por qué paso, y si además de entregar los cadáveres,
hay que exigir una petición pública de perdón para todos los que sufrieron de una
forma u otra durante todo ese tiempo.
Yo
quiero que “a mis caídos por España” se les otorgue la misma dignidad y gloria
que a los otros caídos por España esculpidos en monolitos de mármol.


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